Coto de caza
La luz se concentra en una silla en el centro del escenario. Todo lo demás está a oscuras. Un hombre joven sube desde la platea y se sienta. Viste un traje oscuro de muy buen corte y es particularmente atractivo. Mira hacia la platea durante un largo tiempo.
Hombre: Hay cierto encanto en esto ¿no? El silencio. Ustedes mirándome ahí, esperando por lo que yo vaya a decir. Lo que yo vaya a hacer. Hay poder en eso. El verdadero poder, quiero decir. Por un instante, desde este lugar, sin hacer nada más que estar… nada más que estar… ¡Qué gracioso! Así, digo, los he mantenido cautivos. Me gusta esa palabra, tiene algo de arcaico. Dios hace eso ¿no? Bah, es lo que se le adjudica ¿no? Simplemente estar y con eso sólo, mantener a la humanidad cautiva. Y yo aquí, sentadito en esta silla, por un instante he sido un Dios. Esa idea podría enloquecer a unos cuantos. Creo que en realidad ya volvió loco a muchos. Pausa.
Hay otra cara, claro. Ustedes ahí, protegidos por la oscuridad, por las sombras. ¡Ja! Observando todo, juzgando todo y el otro: Yo, expuesto por la luz, desnudo. Debería ser difícil para mí. Estar aquí, digo, expuesto ante ustedes, sin poder verlos, sintiendo apenas sus energías desde las sombras. Pero no lo es. No lo es porque hace unos minutos estuve sentado ahí, entre ustedes. Ahí mismo, ahí, observándolos, observándolos minuciosamente. Sus muecas, sus risas, sus gestos. El tuyo por ejemplo, sí el tuyo. Un teatro es el mejor lugar para observar a la gente. Toda su atención está puesta en otro sitio. Aquí. Se los puede mirar y mirar y no sólo en la superficie, mirarlos profundamente. El perfecto coto de caza. Indefensos. Otros depredadores pueden encontrar mejor un callejón oscuro, pero a mí me gusta este lugar.
Nunca antes me había subido aquí, claro. Es la primera vez. Pero hoy, hoy sentí algo que no había sentido un… ¡bah! Es algo tonto tratar de explicarlo. Sin la experiencia es imposible, sin… Si alguien no ha matado alguna vez entonces…
Pausa.
Claro que es mejor para ustedes pensar que soy un actor repitiendo las palabras que otro escribió. Fingiendo ser yo. Pensar así es más seguro. Para ambos, supongo. Es una decisión personal. Nos da tranquilidad. Y yo dejaré este lugar, como ustedes y seguiré a la persona que elegí y haré lo mismo que hice la primera vez que me decidí a… No lo mismo, no. Uno mejora con la práctica, encuentra otras cosas, colores, matices.
Saca del bolsillo del saco un cigarrillo y lo enciende. Fuma.
Insisto que hay cierto poder aquí. Poder para hacer lo que normalmente está prohibido… Lo que tantos desean, pero no se animan. La primera vez elegí a una mujer. Era mayor que yo. Bueno no era difícil ser mayor que yo. A esa edad la mujer mayor causa más atracción ¿no? En fin, la seguí hasta su casa y cuando estaba por entrar la encañoné por la espalda, así, con la mediocridad de esos delincuentes de cuarta que andan dando vuelta por aquí, la hice pasar al living y… Pum. Así de simple. Cuando la vi, ahí tirada, sin mueca, sin gestos, sólo una mancha espesa sobre el piso… Es lo que cualquiera hubiera hecho ¿no? Podría haber elegido un callejón oscuro como lo hacen tantos otros mediocres. Sin poesía. Sin magia. Un acto como… No me arrepiento. Sirvió para aprender. La práctica hace al maestro. Trillado, pero cierto. No volví a usar un arma de fuego nunca más.
Siempre es mejor el contacto. Una sonrisa, un cambio de miradas. Un café, o una cerveza, o un cigarrillo. Así es mejor. Es gracioso ¿no? La paradoja: Ustedes con los ojos clavados aquí, en este sitio, creyendo que son los que miran cuando en realidad son el objeto de otro. Otro los está mirando. Da que pensar ¿no? Pienso que después de esta noche no van a volver a un teatro sin mirar un poquito alrededor. Sólo para estar seguro de que no hay… La segunda vez fue un chico, un adolescente, no era más grande que yo en aquellos años. Supe que estaba sólo desde el primer momento. Tenía eso en la mirada que tienen los que están solos. Me llamó hermoso, en un departamentito en el centro. Me acarició el rostro. Después tomó la cerveza y yo lo miré todo ese tiempo. Hasta lloré con él. No puedo olvidar su mirada, no quiero olvidarme. El ácido recorriendo su cuerpo y sus ojos… Al menos no murió solo.
Largo silencio. El hombre mira fijamente a alguien en la platea
Luego de que el espectáculo termine podríamos tomar algo, conversar un poco. ¿Qué puede pasar? Después de todo, nada de esto es real. Todo es una gran mentira. Un director decidió que esté sentado en la platea con ustedes, para crear el clima, para eso. ¿Quién podría meterse en el medio de un espectáculo y hablar durante…? ¿Cuánto tiempo llevo? ¡Vamos! La ecuación es simple.
Se pone de pie.
El escenario es el lugar de la mentira, la verdad está allá, allá afuera, en el bar, en la calle. Ahí está la verdad. Aquí finjo ser, allá soy.
Entonces, cuando te… encuentre afuera, cuando me acerque y te hable nos vamos a reír de esto ¿no? Los dos nos vamos a reír cuando recordemos y me vas s decir, seguro que me vas a decir: No te creí nunca.
Camina hacia la salida. Se detiene. Mira hacia la platea con los ojos fijos en un espectador.
Te vi en la oscuridad y de verdad, de verdad, me gustaría charlar con vos. Voy a estar afuera.
Sale.
